Programa de Atención Materno Infantil en Ciénaga de Zapata: Otro broche de oro

Fotos: Reinier Dávalos Peña

El cuidado y protección a las madres y a sus bebés es prioridad para el sistema cubano de Salud.

“Durante mi embarazo siempre recibí asistencia médica”, dice la joven cenaguera Laritza Machado, mientras mira con orgullo a su pequeña Camila. A su lado, el esposo, Osmany Rodríguez, lo ratifica: “Nunca tuvo problemas”.

No es casual escuchar afirmaciones así en un territorio con indicadores de salud que denotan significativos avances, sobre todo en la atención y cuidado a las madres y los niños.

El territorio concluyó el año anterior con cero mortalidad infantil, broche de oro que ya habían exhibido desde el 2006 al 2008. Desde hace más de dos décadas no ocurren muertes maternas y el índice de pequeños nacidos con bajo peso se comporta por debajo de la media provincial.

Desde el 2002 hasta el 2010 se reportaron en la Ciénaga de Zapata 941 nacimientos. Resulta incuestionable, entonces, la consolidación aquí del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI), a través del cual se ejecutan más de 40 subprogramas.

POR LA SALUD DE AMBOS

Para que cada embarazo sea un éxito y cada nacimiento represente —además de la alegría para las familias—, un trofeo a nuestro sistema de Salud, se da seguimiento a las gestantes desde el momento mismo de la captación.

La doctora Elizabeth Vicens Terga, asesora del PAMI en el territorio

Elizabeth Vicens Terga, asesora del PAMI en el territorio cenaguero.

cenaguero, explica que dicha captación debe ocurrir antes de las 12 semanas y durante la etapa son objeto de una docena de controles. “En la primera consulta se le indica a la mujer exámenes de laboratorio, incluidos hemoglobina, hematocrito, glicemia, urocultivo, exudado vaginal, células guías, cultivo de cuello, cituria, colesterol y los de serología (sífilis) y VIH (sida). Estos dos últimos también se le realizan a la pareja, así como el de grupo y factor.

“En dependencia de la evolución del embarazo se determina la cantidad de chequeos médicos. Dada la situación geográfica de esta región, a las 37 semanas se trasladan a Jagüey Grande donde se les ingresa en el hogar materno. Allí se les brinda apoyo nutricional y un amplio programa de educación para la salud.

“Los complementarios iniciales se vuelven a repetir cada trimestre, vigilando la posible aparición de trastornos como el aumento de peso, de glicemia o tensión arterial. A todas, sin excepción, se les efectúa el pesquisaje para el diagnóstico de malformaciones congénitas (ultrasonido en el primer trimestre y luego entre las 20 y 22 semanas, y el de Alfafetoproteína), y a las mayores de 37 años la prueba de amniocentesis para la detección del síndrome de Down, fundamentalmente.

“No falta el suministro de suplemento vitamínico (prenatales) que se les entrega gratuitamente para prevenir la anemia. A las diabéticas también les brindan atención especialistas en Endocrinología, a fin de que lleguen al parto con la diabetes compensada.

“Para el PAMI resulta vital que las mujeres acudan a la consulta de riesgo preconcepcional desde que planean concebir un hijo. De esta forma se puede determinar el mejor momento para que suceda, atendiendo a sus características.

“Por otra parte, se les asigna una dieta alimentaria en dependencia de las calorías que deben asimilar en correspondencia con su peso corporal.”

Todo lo referido hasta aquí se sustenta en un Sistema de Salud accesible y gratuito, el desarrollo educacional y el derecho reproductivo de la mujer para elegir libremente el número de hijos que desea tener.

Es así que constantemente se perfeccionan los programas puestos en ejecución, también en un municipio donde antes del 59 las gestantes se debatían entre la vida y la muerte.

CONTRASTES EN EL TIEMPO

Desde cualquier ángulo que se mire resultan perceptibles los logros alcanzados por la Salud Pública en la Ciénaga de Zapata, en poco más de medio siglo de Revolución. Así lo corrobora el doctor Francisco Ferrer Sánchez, director del policlínico de Playa Larga.

En particular, los indicadores de mortalidad infantil reflejan cuánto se ha avanzado: en 1958 llegó a tener una tasa de 65 fallecidos por cada mil nacidos vivos (la más alta del país); cero en el 2010.

La alegría que hoy disfruta Laritza nada tiene que ver con los sufrimientos de las gestantes en aquel entonces; tampoco con las desgracias familiares que con frecuencia sobrevenían tras los partos. Para restablecer a las recién paridas, las parteras o comadronas se valían de hierbas.

Hoy la historia atestigua la constante preocupación del gobierno revolucionario por la vida de los cenagueros. La región dejó de ser un sitio inhóspito y olvidado para figurar entre los territorios con hechos que nos hacen vibrar de alegría: en lo que va del actual año ya han nacido 14 pequeñines cenagueros y todos se encuentran bien.


 

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