Ileana Ros-Lehtinen pretende convertir a los cubanos en taiwaneses

Edmundo García

En su biografía oficial para el Congreso de EEUU Ileana Ros-Lehtinen dice que cuando ella tenía 8 años su familia fue “forzada” a salir de la isla por el régimen comunista. Ileana nació el mismo año en que Batista dio el golpe de estado contra el gobierno del Presidente Carlos Prío Socarrás. Habrá llegado aquí hacia 1960.

Hace entonces más de medio siglo que Ileana no ve ni siente a Cuba. No ha compartido con los cubanos en sus casas y calles, no ha visitado Cienfuegos o Villa Clara, de donde son sus padres. Ni le gusta el son, ni sabe bailarlo. A lo mejor es por eso que a Ileana le da lo mismo prohibir los viajes de los cubanoamericanos a la isla. A Ileana le corre plattismo por las venas y en el fondo de su alma desea una anexión al servicio de su grupo. Ella desconoce tanto a su país de origen, que ahora se ha metido en la moda de tratar a Cuba como si fuera una nación asiática. Me pregunto por qué es que nunca pueden mirar a Cuba en su esencia, de frente, y se la pasan extrapolando realidades extranjeras. He llegado a creer que lo hacen producto de una singular mezcla de ignorancia y maldad.

A Ileana Ros-Lehtinen se le ha ocurrido que no hay mejor futuro para Cuba que el que le puede deparar una imitación de Taiwán. Lo ha dicho este sábado en la Universidad deMiami, en la Casa Bacardí, sede del tristemente célebre ICCAS de Jaimito Suchlicki, quien lo mismo organiza una rumba que un homenaje al terrorista Orlando Bosh, exaltado por su padre y mentor Enrique Ros, quien se dice “historiador”.

Pero antes de enamorarse de la llamada sociedad taiwanesa, Ileana se fijó en las llamadas primaveras árabes y soñó con convertir a los cubanos en tunecinos, en egipcios y sobre todo en libios. No ha pedido que se conviertan en sirios porque no sabe todavía cómo puede terminar ese conflicto.

Hace veinte años Ileana afirmaba que el socialismo cubano acabaría como en Rumania, Checoslovaquia y Polonia. Un sueño que a cada rato revive con su amigo Lincoln Diaz-Balart, quien también cree que la isla debe ser como Lituania o Letonia. Me pregunto qué parte de la palabra Cuba no entienden. Qué parte de la palabra soberanía no entienden.

Mucho más atrás, en familia y todavía muy joven, Ileana conoció los planes de invadir a Cuba como invadieron a Viet Nam. Y un poco antes de eso le pudieron haber inculcado que Cuba terminaría como la Nicaragua de Sandino o la Guatemala de Jacobo Arbenz. Esas ilusiones antipatrióticas terminaron siempre estrellándose contra el pueblo cubano y su Revolución. Quienes lo creyeron, salieron derrotados a pesar de tener el apoyo de halcones de la CIA como Allen Dulles, Howard Hunt y David Atlee Phillips; de los que se dice hasta que estuvieron detrás del asesinato del Presidente John F. Kennedy. Esos son los verdaderos padres de todas esas criaturas que admira la congresista.

Ileana conoce tan poco a Cuba y a su historia que se imagina a Yoani Sánchez como una colegiala iraní que grita en las calles de Teherán porque no la dejan mostrar su rostro, escuchar rock and roll y practicar el sexo con libertad. Yoani Sánchez responde exactamente al esquema de laboratorio dispuesto por políticos como Ileana para promover una primavera árabe en Cuba. En esa maquinaria Yoani es solo la conejilla de un experimento que terminará en una puerta fallida. Como en el pasado.

Ileana se desvive por conseguir el apoyo de los judíos de Miami Beach y sin embargo no tiene escrúpulos en usar a Alan Gross para su propaganda política. Antes que entender una solución realista y negociada a su libertad, Ileana prefiere manipular la sensibilidad de la comunidad hebrea y decir consignas acerca del “holocausto” cubano y supuestas noches de cristales rotos en La Habana y Palma Soriano. ¿Habrá sido la Congresista Ros-Lehtinen quien le pasó a Yoani Sánchez aquel libretazo de la noche de los cuchillos largos? Ileana no quiere que se negocie la libertad de Gross; es más fuerte su odio por los luchadores antiterroristas cubanos, que la supuesta compasión por el contratista judío.

Ileana, David, Lincoln y Mario ahora andan en la onda de convertirnos en taiwaneses. Ese fue su grito del día, mientras fuerzan la cabecita para ver cómo pueden demostrar que laScarabeo-9 no es una plataforma para extraer petróleo sino para enriquecer uranio. La Congresista por el distrito 18 de Florida, que ya está en campaña, desayunó hoy sábado en el Versailles con los rompediscos de la ciudad y llegó al mediodía a lo del Doctor Jaimito a repetir la ficción de que Cuba debe seguir el modelo de Taiwán. El papelazo previsto por algunos académicos fue tan grande, que el mismísimo Carlos Alberto Montaner, que estaba en el panel, tiró un pasillo de experimentado camaján y comenzó diciendo que no existe en verdad un modelo taiwanés, solo “medidas de gobierno”. Montaner contribuyó a la locura general de ese evento trayendo a colación a los mambises y cerrando su oportunista intervención con una frase que poco tiene que ver con la economía política y la empresa, mucho menos con su conciencia: “¡Viva Cuba libre!”.

Al final todos estos congresos, eventos, homenajes y conferencias son una gran pantalla. No lo dicen, pero de lo que se trata realmente es de abrir una puerta a los negocios en Miami y prometer un pedazo de Cuba a cambio de contribuciones por el cabildeo que han hecho durante años a favor de ese enclave asiático. De paso, algunos de esos fondos van a los grupos que promueven un cambio de gobierno en Cuba y otros se dedican a engrasar la maquinaria electoral Republicana. Es de esta manera que han controlado y pretenden seguir controlando a Miami.

 

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. el patriota
    Feb 14, 2012 @ 15:19:46

    Cualquier semejanza es pura coincidencia

    – Adolf Hitler:

    La lucha más fuerte no debía hacerse contra los pueblos enemigos, sino contra el capital internacional. La lucha contra el capital financiero internacional era el punto programático más importante en la lucha de la Nación alemana para su independencia económica y su libertad (…)

    En la medida en que la economía se adueñó del Estado, el dinero se convirtió en el Dios que todos tenían que adorar de rodillas (…) La Bolsa empezó a triunfar y se dispuso lenta pero seguramente a someter a su control la vida de la nación (…) El capital debe permanecer al servicio del Estado y no tratar de convertirse en el amo de la nación.

    Tampoco después de la guerra podremos renunciar a la dirección estatal de la economía, pues de otro modo todo grupo privado pensaría exclusivamente en la satisfacción de sus propias aspiraciones. Puesto que incluso en la gran masa del pueblo todo individuo obedece a objetivos egoístas, una actividad ordenada y sistemática de la economía nacional no es posible sin la dirección del Estado.

    Yo no soy sólo el vencedor del marxismo, sino también su realizador. O sea, de aquella parte de él que es esencial y está justificada, despojada del dogma hebraico-talmúdico. El nacionalsocialismo es lo que el marxismo habría podido ser si hubiera conseguido romper sus lazos absurdos y superficiales con un orden democrático.

    – Joseph Goebbels:

    Nosotros somos socialistas (…) somos enemigos, enemigos mortales del actual sistema económico capitalista con su explotación de quien es económicamente débil, con su injusticia en la redistribución, con su desigualdad en los sueldos (…) Nosotros estamos decididos a destruir este sistema a toda costa (…) El Estado burgués ha llegado a su fin. Debemos formar una nueva Alemania (…) El futuro es la dictadura de la idea socialista del Estado (…) Ser socialista significa someter el Yo al Tú; socialismo significa sacrificar la personalidad individual al Todo.

    – S. H. Sesselman (líder el partido nazi en Múnich):

    Nosotros somos completamente de izquierda y nuestras exigencias son más radicales que las de los bolcheviques.

    – Gregor Strasser (presidente del partido nazi entre 1923 y 1925, mientras Hitler estuvo encarcelado):

    Nosotros, jóvenes alemanes de la guerra, nosotros, revolucionarios nacionalsocialistas, desencadenamos la lucha contra el capitalismo.

    El programa político nazi incluía la «eliminación de las ganancias» y de la «esclavitud del interés», la «estatalización» de empresas estratégicas y la «expropiación» forzosa, sin indemnización, de la propiedad privada. Y si bien el régimen nazi no nacionalizó todos los medios de producción, puso la economía al servicio de los intereses del Estado, bajo amenaza de duras penas y castigos (expropiación, cárcel, trabajos forzosos y condena a muerte). No en vano, tal y como razonaba la cúpula nazi, «¿qué necesidad tenemos de socializar los bancos y las fábricas? Nosotros socializamos los seres humanos».

    Así, no es extrañar que el último canciller de la República de Weimar, el general Kurt von Schleicher, advirtiera de que el programa nacionalsocialista «apenas era distinto del puro comunismo». De hecho, muchos de los que engrosaron las filas de las temidas SS y SA procedían de las filas comunistas, siendo su fin último el bolchevismo.

    Visto lo visto, y puesto que los nazis combatieron tanto o más que los comunistas el malvado capitalismo, me pregunto por qué Ecuador no condena igualmente el asedio de las potencias aliadas al régimen de Hitler… O bien por qué los jóvenes antisistema no estampan el rostro del Führer sobre camisetas rojas con una esvástica de fondo, al más puro estilo Che Guevara. ¿A qué viene esta discriminación, si al fin y al cabo Hitler y el Che perseguían el mismo fin, empleando, además, medios tan similares?.

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