No se automedique, consulte a su médico

auto_medicacionAlberto llevaba algún tiempo padeciendo trastornos digestivos. Su organismo absorbía de forma muy lenta los alimentos y le daban náuseas. Pese a la insistencia de la esposa no quería acudir al médico. Un compañero de trabajo le ofreció, entonces, una tableta de Metoclopramida.

El muchacho de 36 años sintió alivio, por lo que a partir de ese momento decidió tomar esta pastilla en almuerzos y comidas. Todo estuvo bien –incluso, mostraba más apetito–, hasta que al cabo de dos meses comenzó a presentar molestias en las tetillas, inflamación y, en ocasiones, secreción por ellas. Luego llegaron los dolores de cabeza y ruidos en los oídos.

Sin otra opción aceptó asistencia médica. Cuando la enfermera le tomó la presión, la tenía alta. Alberto sufría, pues, una de las reacciones adversas que pueden derivar de la Metoclopramida: el aumento de la concentración en sangre de una hormona que se produce en una glándula del cerebro llamada prolactina. El incremento de dicha sustancia fue responsable de los síntomas y signos que experimentó.

Historias como esta versión de uno de los guiones del programa televisivo La dosis exacta suceden casi a diario. Incluso, hasta podríamos preguntarnos quién de nosotros no se ha automedicado alguna vez, o sencillamente, ha hecho caso a los consejos de individuos que sin que los avale un título de doctores se dedican a recetar obviando las posibles consecuencias.

SOLO LA DOSIS EXACTA

El empleo de medicamentos, productos naturales u otros remedios por iniciativa propia es una práctica común en el mundo, de la que no estamos exentos los cubanos. Así, por ejemplo, se toma la primera píldora que se tiene a mano cuando los síntomas del dolor son parecidos al de uno anterior, o se unta cualquier pomada ante erupciones cutáneas. Las dosis o el tiempo por el que se utilizan también forman parte de la decisión personal.

Al respecto, el doctor Wilfredo Francisco Martínez, máster en Farmacoepidemiología y especialista en Medicina General Integral (MGI), en la ciudad de Cárdenas, advierte que el abuso de los mismos puede conllevar a la dependencia. “Tal es el caso de las benzodiacepinas que actúan sobre el sistema nervioso central y son de amplio uso por la población. Entre ellas, el Diazepam, Clordiazepóxido, Medazepam y Alprazolam. Sucede igual con los de tipo psicofármacos, como la Imipramina y la Trifluoperacina.

“La tolerancia constituye una resultante más, ese estado en que el cuerpo se acostumbra a una medicina dada su prolongada administración, de manera que es necesaria una cantidad mayor de esta o su sustitución para lograr el efecto terapéutico.”

Con gran frecuencia —señala– son utilizados, asimismo, los antiinflamatorios. “Digamos el Ibuprofeno y el Naproxeno, capaces de provocar en el aparato digestivo desde molestias gastrointestinales, hasta gastritis, úlcera, sangramiento y perforación, entre otras complicaciones.

“Aunque sus efectos indeseables suelen ser infrecuentes también debe ser tomado con cautela el Paracetamol, o sea, no exceder la dosis prescrita por el facultativo ni mezclarse con bebidas alcohólicas. Ni siquiera la tan demandada Dipirona escapa a los requerimientos, pues aun cuando sucede con rareza, posee un riesgo hematológico importante.”

La también especialista en MGI y farmacoepidemiologa provincial, doctora Legdimary Martínez Padrón, agrega la situación que se presenta con los antimicrobianos. “Los pacientes a veces por cualquier catarro ingieren antibióticos. Después cuando el organismo realmente los exige, ya ha creado una resistencia.

“Por eso, resulta vital además que los médicos cumplan las indicaciones de control y uso colegiado de estos, y no hagan prescripciones indebidas”. Alude, por otra parte, al abuso indiscriminado de las formas inyectables cuando la solución puede encontrarse vía oral.

A los grupos antes mencionados se agregan los analgésicos entre los de mayor consumo por la población matancera.

TODOS SOMOS VULNERABLEScuidado-con-la-automedicacion

La automedicación se presenta en cualquier edad, pues hasta los más pequeños se convierten en blanco de la actitud irresponsable de los padres. Y precisamente ellos, las embarazadas y los ancianos son los más vulnerables a los riesgos.

Sobre estos últimos, el doctor Wilfredo aclara que dado el propio proceso de envejecimiento se produce una serie de cambios fisiológicos que alteran la absorción, distribución, metabolismo y excreción de esos preparados y, comoquiera que ellos son más propensos a enfermar y, por ende, precisan mayor cantidad, tienen más posibilidades de sufrir reacciones debido a interacciones medicamentosas.

Los niños, en tanto, exigen dosis menores acorde con su tamaño y peso corporal, mientras en las gestantes hay que tener mucho cuidado con los periodos de formación del bebé, sobre todo, en el primer y último trimestres del embarazo. Tales prudencias se extienden a la etapa de lactancia materna.

Al referirse a los productos naturales explica que al igual que los de síntesis química tienen sus indicaciones, dosis y principios activos cuando se aplican de conjunto con otros, así como sus riesgos de uso, lo que es necesario conocer.

Según la Organización Mundial de la Salud, más del 50 por ciento de los medicamentos se prescriben, dispensan o venden de forma inapropiada, y la mitad de los pacientes no los consumen correctamente. A este dato que muy bien trae a colación la doctora Legdimary se suman dos no menos alarmantes: en varios países de Latinoamérica las cifras de defunciones por dicha causa alcanzan las 10 mil por año y en otros industrializados representa la cuarta causa de muerte.

La conclusión de ambos expertos es, por tanto, inapelable: jamás debe administrarse fármaco alguno que no haya sido indicado por un especialista. Ello contribuye, además, a lograr su uso óptimo y racional. Entonces, ¿por qué desoír los consejos del doctor Julián Pérez Peña al concluir su programa? Haga caso; no se automedique, consulte a su médico.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. cubaquelindaeres
    Abr 03, 2013 @ 18:14:31

    Reblogged this on Cuba, ¡cómo te quiero!.

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