#Cuba: Avivar el espíritu del barrio

350px-Matanzas_streetSí, de eso se trata precisamente. Tal vez a algunos lectores la propuesta del título les parezca algo difícil de lograr, pero hechos como el nacimiento del Callejón de las Tradiciones en una calle neopoblana, antes insalubre, en la ciudad de Matanzas, demuestran que de ponerse empeño se puede, por lo general, alcanzar lo pretendido.

Sucede que muchos barrios cubanos necesitan nuevos matices y su gente una inyección de optimismo. Esa dosis que se traduce en convocatoria, en ganas de hacer para el bienestar de la comunidad y de nosotros mismos. ¿O acaso seguiremos dependiendo de otros para resolver los problemas que nos rodean?

Basta un sencillo ejemplo. Quien recorre las calles de ciudades y poblados en la provincia de Matanzas y observa con detenimiento, percibe cómo crece la hierba alrededor de muchas viviendas e instituciones o muy cerca de ellas. Luego estos sitios se convierten en criaderos de mosquitos, de los que solemos culpar al Estado, sin darnos cuenta ‘quizás’ de nuestra responsabilidad, o mejor, dicho de nuestra irresponsabilidad.

Se trata de reconocer que lo esencial no siempre resulta invisible a los ojos, mas, para ello es necesario que las personas se sientan parte del pedacito en que viven. ¿De qué valdrían los esfuerzos realizados en el municipio de Cárdenas, donde a partir de las medidas higiénico- sanitarias adoptadas recientemente, se extrajeron más de 20 mil metros cúbicos de basura, si los lugareños no mantienen la limpieza?

Dicho de manera inversa: si no se hubiesen creado tantos microvertederos, si los involucrados hubiesen actuado como les correspondía y la basura hubiese ido a su terreno, ahora no se estaría hablando del gasto de miles de litros de combustible, ni del equipamiento destinado a este fin.

A los cubanos nos convierte en únicos el sentimiento de pertenencia a una familia, escuela, comunidad o centro de trabajo. Las puertas de nuestras casas están abiertas a los vecinos, a los compañeros de la campaña antivectorial, al médico y la enfermera… Casi a diario vamos al mercado, a la bodega, a la farmacia…

De ahí que no podamos perder la identidad con el barrio. Es de allí mismo de donde deben surgir las soluciones a muchas de las dificultades sociales y urge, entonces, una mayor dinamización de la comunidad en su capacidad para influir en las problemáticas locales.

Cierta añoranza sentimos quienes alguna vez disfrutamos el hecho de participar en un trabajo voluntario para higienizar la cuadra, aun cuando no se avecinara ninguna fecha patriótica. Fuimos testigos del embullo de los pioneros por recoger materias primas; sobre todo por llevar a la botica los frascos vacíos de las medicinas, esta última práctica casi desaparecida y que bien valdría rescatar.

No existen fórmulas mágicas. De todos depende que ese espíritu vuelva a impregnar el entorno. La participación es fundamental, como también los deseos de respirar un aire diferente, de recorrer las calles de ciudades y poblados y descubrir que esa cultura del detalle, de la que tantas veces se ha hablado no seguirá cayendo en saco roto, pues nos convida a poner lo mejor en cuanto hagamos y a no olvidar ni siquiera lo aparentemente insignificante, ya que es también enemiga acérrima del descuido, la indiferencia, la apatía y la chapucería.

Miremos a los buenos ejemplos, que para bien se han ido incrementando. Aprovechemos, asimismo, los proyectos de desarrollo local. La conjunción de todas las voluntades y las iniciativas otorgarán entonces, nuevos matices a nuestros barrios.

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