Prueba citológica: ¿Por qué decir no?

MUJER-PREOCUPADA-FreephotoSi le preguntamos a la enfermera de un consultorio médico sobre los inconvenientes que enfrenta en su interactuar con la comunidad, de seguro mencionará la conducta evasiva que asumen algunas mujeres cuando les ‘toca’ la prueba citológica. Una y otra vez se ve precisada de citarlas para dicho examen, y una y otra vez, se ausentan.

Bien lo sabe, por ejemplo, Lázara Rivera Hernández, quien en sus cinco años vinculada a esta labor ha tenido que recurrir a disímiles recursos comunicativos para convencer a muchas de la importancia que tal proceder reviste, cuando en su opinión debieran ser las interesadas, pues, “se trata de algo que forma parte del cuidado de su salud. A veces acuden al llamado más por librarse de nuestra insistencia que por poseer comprensión de sus beneficios”, dice.

Varias razones son aludidas por no pocas féminas para evitarla. Entre ellas, alegan sentir molestias o dolor, no disponer de tiempo o el temor a los resultados.

LA PRUEBA SALVADORA

También se le llama prueba de Papanicolaou, en honor al médico griego George N. Papanicolaou quien a principios de la década del 40 del pasado siglo identificó células cancerosas en muestras tomadas de la vagina, hecho que revolucionó el campo de la Ginecología, por el impacto que obtuvo en la reducción de la mortalidad por cáncer cérvico-uterino (CCU).

En los resultados, dados a conocer en agosto de 1941 durante una jornada de esa especialidad, señalaba que el procedimiento hallado tenía grandes posibilidades; era sencillo, económico, podía utilizarse de manera masiva y permitía detectar el carcinoma en sus inicios o en la etapa preinvasiva. Desde entonces su laboratorio se convirtió en referente mundial y la práctica se extendió rápidamente.

Aunque existen a nivel internacional opiniones controvertidas sobre la edad de comienzo de la pesquisa ginecológica en las jóvenes, pues las relaciones sexuales se inician cada vez más tempranamente y se incrementan las infecciones de transmisión por esta vía; en Cuba el Programa Nacional de Detección de CCU concibe a los 25 años como la edad mínima y como máximo 60 de no presentarse ningún síntoma de alerta.

Contrario a lo que muchas piensan, el proceder no es doloroso y se realiza en escasos minutos. La mujer se acuesta en posición ginecológica para facilitar la colocación del espéculo en la vagina, el cual se va abriendo con suavidad hasta percibir el cuello del útero. Entonces se toman muestras de células del interior y de los alrededores con una espátula, un aplicador de madera o un cepillo fino.

Dichas muestras se extienden en un portaobjetos o lámina de cristal, se fijan y se envían al laboratorio para ser procesadas. La observación y el análisis de los tejidos permiten comprobar el estado de las células y alertar sobre anomalías, incluso asintomáticas, en el aparato genital femenino.

Para que cumpla sus objetivos se precisa no tener relaciones sexuales 24 horas antes de ejecutarlo, no usar cremas, desodorantes vaginales, óvulos o medicamentos antifúngicos locales durante los dos días previos y no hacerlo durante el periodo menstrual. 

GANAR TIEMPO

Pese a constituir un derecho de toda cubana, que además de gratuito, se lleva a cabo en los consultorios del Médico de la Familia, con las condiciones de higiene y privacidad adecuadas, el número de muertes por CCU en el país sigue siendo alto (más de 400 cada año), así como la incidencia de las que padecen una infección del Virus del Papiloma Humano, causante de las lesiones precursoras del mismo. 

De ahí que el doctor Lázaro García León, especialista en Ginecobstetricia, del hospital Julio Alfonso Medina en la ciudad de Matanzas, reitere la importancia de someterse a dicho examen. “Si se detecta precozmente cualquier problema las posibilidades de vida de la paciente se incrementan, porque puede determinarse a tiempo una terapéutica eficaz.

“Cada tres años debe repetirse y si fuera preciso ante alguna alteración del fondo de la vagina o del cuello uterino, se les puede indicar de manera adicional como parte de la atención especializada.”

Muchas mujeres parecen desconocer cuántos males pueden evitarse con la citología orgánica, PAP o extensión cervical, otros de sus denominativos. De más está decir, entonces, que se trata de una prueba necesaria por lo que ha de acudirse de modo consciente al médico de la familia, pues el miedo o cualquier otra justificación no solo nos restan tiempo, sino también pueden restarnos la vida.

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