Liga de baloncesto en #Cuba: Graves indisciplinas rompen pasión en duelo Capitalinos-Camagüey

Imágenes como estas son lamentables en cualquier espectáculo deportivo del país.

Por Amaury M. Valdivia Fernández

Fotos: Raúl A. del Pino Salfrán

Rivalidad sobre el tabloncillo, bienvenida sea. Siempre que las buenas jugadas pongan a delirar las gradas habrá sido una buena noche. Por eso duele —literalmente duele— cuando toca hablar de todo lo contrario.

Hubiera sido perfecto tener que reseñar la pasión con que Capitalinos y Tigres se entregaron sobre la duela. Aunque los primeros llevaron la peor parte 78-68, hombres como el combativo Orestes Torres lo dieron todo para arrancarles a sus rivales una victoria que los hubiera mantenido en pleno derecho de aspirar a la final.

Pero uno de sus coequiperos, José Cairo, se empeñó en pintar con tintes oscuros la historia de este desafío. Fue cuando el pitazo final desbordó la alegría de las gradas y un grito colectivo despertó a buena parte de la ciudad de Camagüey.

Cairo decidió que no era momento para celebrar y lo demostró con una silla lanzada hacia el público. Lo que siguió fue uno de los espectáculos más deprimentes que pudieran haberse presenciado en el baloncesto camagüeyano.

Sillas, vasos de cristal e improperios se intercambiaron entre varios aficionados y parte del equipo habanero. Algunos se empeñaron en aguar la fiesta que merecían los Tigres, sin importarles las miles de personas congregadas en la sala mayor de la “Fortún”.

Y conste que abundan los culpables. Cairo y los que lo acompañaron, por iniciar una disputa a todas luces irresponsable; los que los enfrentaron, por dar margen a una situación que pudo haberse salido mucho más de control; y los organizadores, por no prever momentos de tensión que hace dos años ya habían ocurrido en el coliseo mayor de esta ciudad.

Con el suceso perdimos todos. Capitalinos no podrá contar con Cairo, cuya expulsión se tramitaba al redactarse esta información; Camagüey tiene en “zona roja” a su estelarísimo Yordanis Jaca, quien se lesionó una de sus manos tratando de mediar en la disputa; y en la memoria de muchos queda el sabor amargo de una noche de pasión deportiva que terminó convertida en todo lo contrario, asesinada por la responsabilidad y el egoísmo de algunos.

El verdadero coraje se derrocha sobre la duela, quien lo dude que le pregunte a Orestes Torres.

(Tomado de Adelante.cu)

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