Tiempo, el implacable

Alguien me comentó hace ya días que no soportaba la idea de desaprovechar ni un segundo en actividades inútiles. Una amiga —algo perezosa por cierto—, niega la tesis de que dormir mucho sea tiempo perdido. No pocos sentimos molestias cuando nos obligan a esperar, sacrificando parte de esos minutos que tenemos para dedicar a otras cuestiones.
imagen_dentro_noticia

Y es que justamente el tiempo, al que algunos suelen llamar el implacable y otros equipararlo con el oro, nunca marcha hacia atrás, va siempre adelante; de ahí que buscar la manera de aprovechar al máximo cada jornada, siendo más productivos en todos los aspectos de la vida, también haya sido objeto de múltiples estudios.

Diversos consejos se derivan de ellos, los que tal vez merecen tener en cuenta a la hora de planificarnos. Lo primero es poseer conciencia de que no lo estamos explotando al ciento al ciento y, por ende, podemos sentarnos a pensar qué actividades deberíamos hacer mejor. Un ejemplo sencillo iría dedicado a la amiga de la que hablé: la cantidad de horas a dormir. El promedio es siete, sería ideal respetar esas, ni más, ni menos.

Otro recurso interesante consiste en confeccionar listas de asuntos pendientes: diarios, de mediano y a largo plazos, y asignar prioridades a cada uno. El manejar las reuniones también resulta muy útil, ponerles orden y cumplir el momento de comienzo y fin para que no se extiendan indefinidamente. Es importante identificar aquellas actividades que desperdician tiempo, aprendiendo a evitar distracciones.

Ajustar el horario en función de nuestros niveles de energía nos permite obtener mejores rendimientos. Si por la mañana contamos con más ánimos que por la tarde, entonces dediquemos el mayor cúmulo de tareas a esa sesión, o viceversa.

Con frecuencia escuchamos decir a algunas personas que no les alcanza el tiempo para dedicar al cónyuge o los hijos. ¿Estarán haciendo un análisis correcto o será que eso no entra en sus prioridades? Si tenemos muchas cosas que hacer solo podremos con un número limitado, generalmente lo que hayamos concebido en primer lugar. Es, por tanto, una cuestión de orden, de ejecutar lo que consideramos más importante.

Al respecto, vale el uso oportuno de una palabra de solo dos letras: No, pronunciada con tacto y sin acritud, dejando bien claro que no nos negamos a realizar un trabajo o cumplir con una obligación…, pero que, como seres humanos al fin, nuestra capacidad tiene un límite.

De lo que si no podemos darnos el lujo es de que nos “sobre” el tiempo, porque a quien le sobra, le sobra tibieza y mediocridad. Si lo duda, vea cuánto vale cada una de esas magnitudes físicas que separan a un acontecimiento de otro:

  • Para entender el valor de un año, pregúntale a algún estudiante que repitió curso…
  • Para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que alumbró a un bebé prematuro…
  • Para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de un semanario…
  • Para entender el valor de una hora, pregúntale a los amantes que esperan para encontrarse…
  • Para entender el valor de un minuto, pregúntale al viajero que perdió el tren…
  • Para entender el valor de un segundo, pregúntale a una persona que estuvo a punto de tener un accidente…
  • Para entender el valor de una milésima de segundo, pregúntale al deportista que ganó una medalla de plata en las olimpiadas…

 Atesora cada momento que vivas (…) y recuerda que el tiempo no espera por nadie.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: