El culto de San Lázaro en #Cuba (+Video)

Los santos se conocen según como se les honra y se honra a los santos según como se les conoce. Un santo es un miembro del pueblo, de la familia, del hombre que deposita en él sus esperanzas y alegrías, sus penas y tristezas.
Robert Morell, Saints de tous les jours

El Rincón de San Lázaro

El Rincón es para los habaneros lo que El Cobre para los santiagueros: la suprema exaltación de la religiosidad popular.

Víspera del 17 de diciembre, fecha de su celebración, decenas de miles de cubanos procedentes de todas las regiones de la Isla se dirigen hacia la localidad de El Rincón, ubicada al oeste de La Habana, en el poblado de Santiago de las Vegas.

Unos alegres y otros más serios, en ómnibus, coches tirados por caballos, autos, tren y hasta por aire dada la cercanía del Aeropuerto Internacional José Martí, la multitud se dispone a esperar el día del “viejo Lázaro” como cariñosamente le llaman.

Centro de famosas peregrinaciones, encuentro obligado de católicos y santeros, asiento de una cultura centenaria, eso es El Rincón. Pero sobre todo: sencillo hogar que guarda en su pequeña iglesia la imagen de San Lázaro.

Es común que muchas personas a las que se les pregunta qué saben de El Rincón inmediatamente respondan: es el pueblo de San Lázaro, y recorran en rápidas imágenes la estrecha calle que conduce hasta la iglesia, las “cuatro esquinas” donde se cruzan los caminos hacia otros pueblos aledaños y la céntrica estación ferroviaria que atraviesa el poblado, cuya popularidad según reconocen sus habitantes, se debe al santo milagroso.

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Promesas: la mortificación y autoviolencia

Por lo general, los devotos que ofrecen una promesa al santo le llevan flores, centavos, tabacos, pomos de aceite, frutas o jabas llenas de distintos objetos. Sin embargo, existen otras formas de “pagarle” a la deidad que entrañan un esfuerzo adicional del creyente, el cual dispone de su propio cuerpo para cumplir su deuda mediante formas de autoviolencia o mortificación, como lo denominan los especialistas.

En ocasiones estas resultan muy duras y necesitan un impulso sobrehumano. (…) La mayoría de los nazarenos o mortificantes van acompañados por familiares o amigos que cumplen la función de limpiarles el camino con ramas, animarlos para que lleguen a la iglesia y asistirlos en caso de ayuda o necesidad.

Los tipos de mortificación más frecuentes son andar descalzos, caminar de rodillas, avanzar arrastrándose de frente o de espaldas, avanzar dando vueltas de carnero, avanzar dando vueltas en forma de rodillo, sentado de espaldas mientras se arrastra un peso, cargar maderas pesadas en forma de cruz.

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San Lázaro y Babalú Ayé

A mitad de calle una señora extiende sobre la acera una alfombra rodeada de luces de colores, alegoría a las Navidades que justo una semana después se habrán de celebrar, y en ella pone la figura de un perro, una canasta con dulce de coco, naranjas, un huevo y agua mineral.

En un plato coloca tabacos, velas y tres copas, una con ron, otra con vino seco y una tercera llena de agua bendita, que acompañan a una jícara con miel de abeja y, cerca, una caja chica que guarda papelillos de la suerte, uno de los cuales, escogido al azar, dice: “Si debes una promesa por un familiar, págala”.

Más allá un toque de tambor o bembé como se conoce en la jerga afrocubana, dará inicio en casa de María la santera, en donde brilla un ara con imágenes de distintas deidades, coronada por un trono en el cual descansa Babalú Ayé, rodeado de una bandera en la cual los que llega depositan billetes y monedas de diverso valor.

No faltan a la fiesta ni Ochún ni Yemayá, representadas por telas de color dorado y azul, y de fondo una sábana blanca: Obatalá. En el piso reposa un platillo con miniestras de maní, kilos prietos y pedazos de boniato junto a un trozo de cake y una ramita de millo.

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Compasión y alivio

Justo a las doce de la noche un canto unánime atraviesa el espacio. Por los altavoces se escucha un coro de voces infantiles y una monja pide que dentro del tempo solo se realicen cánticos de la iglesia católica, e intenta controlar el culto, pues no reconoce que al “Señor de las muletas, al Dueño de las enfermedades, al yacubano y bienamado Viejo Lázaro”.

Su imagen, según los más veteranos fue sustituida por la de San Lázaro milagroso, vestido con ropas de obispo, en el altar del ala izquierda, siendo esta la que reina dentro, mientras que afuera todas las escultura, cadenas y estampitas pertenecen al llagado, famélico y semidesnudo Lázaro de la parábola de Cristo.

Unos lloran, otros suplican, hay quien se desmaya por la gran multitud de personas que inundan al santuario, pero todos permanecen aquí, junto a él, para dar gracias o cumplir promesas por el milagro realizado, pedir salud, amor y prosperidad o contraer nuevos compromisos con el santo –que de no ser satisfechos, nadie sabe las consecuencias–, que de seguro todos cumplirán.

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Texto: Laciel Zamora: El culto de San Lázaro en Cuba, Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2000. (Fragmentos)

Video: Claudio Pelaez Sordo

Foto de portada: Iroko/Quinqué

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. lakoladita
    Dic 17, 2013 @ 09:21:32

    Reblogueó esto en la koladita.

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