Conducta, la película cubana que me hizo llorar

Ayer la vi película Conducta. No pude evitar las lágrimas, pues, la historia de Chalas no es única y el filme nos invita a reflexionar sobre las deficiencias que aún tenemos en nuestro sistema educativo. Pero, bueno, como no soy crítica de  cine les dejo varios trabajos publicados en torno al tema.

Conducta

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

Ya desde sus días de la radio, Ernesto Daranas puso las cartas sobre la mesa: lo suyo era el drama y, a la par, recursos del melodrama, un género encaminado a obtener intensas reacciones emocionales en el receptor.

Si escribo “recursos del melodrama” y no melodrama a secas, se debe a que el género se ha desvirtuado de tal manera que hoy día es sinónimo de producto hacedero y manipulador de hechos y sentimientos.

Afirmar durante cualquier conversación exploratoria que una película es melodramática (y no alegar nada más) es como arrojarla por la borda, directamente a la boca de los tiburones. Ello hace que el género por excelencia con el que lloraron nuestros padres y abuelos esté apareciendo poco en la cartelera internacional y, la mayor parte de las veces, con sus componentes básicos hábilmente enmascarados.

Hay filmes, sin embargo, que aceptan el reto de narrar desde el vapuleado melodrama y sumergiéndose en él se anotan un triunfo inobjetable. Bastaría recordar Bailando en la oscuridad (2000) del danés Lars von Trier.

Otros toman sustancias fundamentales del género y lo ligan con eficacia a elementos y estructuras narrativas que se acentúan en función de un producto artístico más abarcador y elaborado. Tal es el caso de Los dioses rotos(2008), el debut por lo alto en el cine de ficción del propio Daranas, filme con el que cabe preguntarse por qué no tuvo un mayor éxito internacional.

Al igual que en Los dioses rotos, esos factores de exaltación dramática vuelven a estar en Conducta, aunque esta vez más remarcables en un guión perfectamente balanceado y que no oculta su intención de estremecer al espectador como vía expedita al razonamiento.

Estremecerlo y ganárselo, como dicta la regla.

Si antes de ver el filme se hiciera un frío balance de los componentes sentimentales que se conjugan en Conducta, el resultado sería una lista apabullante que bien pudiera remitir a los tiempos del Chaplin de Vida de perros, o El chicuelo: madre alcohólica y ligera en amores, niño sentimental, buscavida y de mala cabeza, que además de no conocer a su padre se la “tiene que buscar” en la calle, maestra buena y achacosa que sufre un infarto en plena vía pública, inspectores intolerantes, policía en acecho, otro niño muy querido en la escuela que muere en un hospital, retrato de una parte extrema y no menos real de la sociedad, Habana profunda que en sus afanes de vida y subsistencia duele y, como hacían los antiguos griegos en sus melodramas, la música ganando protagonismo altisonante en cada situación tensa (excelente música la de Conducta, tanto la original, como la banda sonora).

El mérito de Daranas radica en buena medida en hacer un filme duro, sentimental y “agarra pescuezo” sin que el espectador, inmerso como está en la historia, se detenga a analizar (¿a quién se le ocurre?) la manera con que el director, conjugando fórmulas, reanima el género y al mismo tiempo, lo seduce.

A simple vista parecería que hablamos de eso que los críticos suelen denominar “un buen trabajo artesanal”, pero de ninguna manera. Sin una fina sensibilidad artística y un ojo afilado para trasponer del entorno social lo que el filme necesita, la película sería otra cosa. Y están sus componentes artísticos, integrados con eficacia: fotografía, ambientación, y un cuadro de actores en estado de gracia.

Hacía tiempo (¿o quizás nunca como ahora?) que no se veía a un elenco infantil desempeñarse con tanta naturalidad y aportando la nota de distensión que necesita la dureza del drama para no agobiar, aunque también haya rivalidad entre esos pequeños porque —ya se sabe— el director se aprovecha de cuanto le sirva para mantener en vilo la trama.

Niños que se enfrentan a la cámara sin el menor signo de teatralidad.

Y entre los niños, una presencia sencillamente magnetizadora, Armando Miguel Gómez, Chala, buscavida con madre vencida por el alcohol, a quien su veterana maestra (Alina Rodríguez) se empeña en rescatar de la sórdida existencia de la cual el pequeño no es responsable.

No sé de dónde sacaron a Armando Miguel, o si lo fabricaron, pero los que trabajaron con él, y lo que el niño aportó, es sostén esencial en Conducta, una película que habla de una maestra buena y de su lucha contra los dogmas de una escuela.

O lo que es igual, simbología sin par de una época obligada a hacer de la ética y otros valores humanos acompañantes, algo más que propósitos arduamente mencionados.

CONDUCTA, una película oportuna y necesaria

Por Enrique Colina

Hace muchos años que dejé de ejercer la crítica de cine, aunque en esencia, más que discurrir sobre la cinematografía en sí misma y la valoración purista de su discurso artístico, mi intención siempre fue la de acercarme al análisis de la realidad a través del cine. Aclaro entonces que esta no es una crítica de cine.

Conducta, el más reciente filme cubano del realizador Ernesto Daranas, me convida a reflexionar sobre ese soporte ético fundamental en el que la Revolución Cubana construyó su proyecto social: la honestidad del hombre y, en consecuencia, una solidaridad humana basada en la integridad de sus principios y el respeto a su dignidad.

Nadie puede negar la deformación de valores provocada por la esclerosis de un proceso estancado en una práctica burocrática, retórica y autoritaria, paradójicamente inspirada en un ideal de justicia social, pero sorda y de espaldas a las advertencias y al reclamo de cambios de una sociedad empobrecida y sumida en la evocación de los sueños heroicos. El individuo es sujeto y objeto de esa realidad, pero al discriminar su papel protagónico y activo en su transformación lo convierte meramente en su receptor pasivo. Si Descartes proponía aquello de, “pienso, luego existo”, es inevitable entonces la inversión materialista de su tesis en, “existo, luego pienso”… Y materialista es sin dudas que quien vive en la mierda se comporta como la mierda. Aunque siempre, por aquello de la negación de la negación, hasta en la misma mierda -residuo orgánico que se convierte en abono-, existen los que se rebelan contra la mierda.

De forma más refinada, artística y sensible creo que Conducta refleja esta tesis. Y así como el cine cubano en distintas etapas de su desarrollo ha sabido detectar y diagnosticar los síntomas, las causas y consecuencias de este deterioro -no sin sufrir el acoso dogmático y represivo de los promotores del mismo, pero siempre en pie de lucha-, este filme se inserta en esta tradición del auténtico compromiso humanista revolucionario.

Conducta refleja el mundo marginal provocado por las carencias materiales de esa realidad social ignorada por los medios, donde buscarse la vida pasa por las formas ilegales y por aquellas que no deberían serlo, pero que una legislación arbitraria y restrictiva, basada en preceptos de un socialismo equivocado, ha impregnado de prohibiciones y tabúes la existencia ciudadana coartando la iniciativa individual. Dentro de este contexto agresivo donde la frustración incuba una violencia todavía confinada, se debate la preservación de la espiritualidad, humanidad y futuro de los protagonistas de su historia. El niño es el objeto debatido, la metáfora de un futuro incierto sólo hipotéticamente rescatable gracias a la consecuencia y al compromiso ético de una educadora dispuesta a enfrentar el acoso de una estructura marcada por el mecanicismo burocrático, hipócrita e insensible, que la misma deformación sistémica ha engendrado en todas sus expresiones institucionales. Ese personaje censor que decide lo que es correcto políticamente y se cuida bien de silenciar las disonancias que incomoden a sus superiores y pongan su confiabilidad en entredicho afectando sus mezquinos intereses. Conflicto de rescate en un entorno presente de naufragios y fracasos, aquí referido al ámbito educacional y por tanto a la proyección futura de una sociedad donde se dirime la preservación de un hombre dispuesto a decir lo que piensa, a defender sus criterios y a afrontar las consecuencias de sus actos.

Pero la película, como arte auténtico y conmovedor es la atalaya desde la que se vislumbra y constata una realidad muy difícil de cambiar, un llamado de emergencia más movilizador que todas las arengas reformistas en favor de un cambio de mentalidad, sobre todo cuando las causas de la realidad deformante permanecen intactas. A saber, estructuras verticales y rígidas que inspeccionan con rigor sus propias grietas oxidadas para supuestamente poner orden desde una cima de poder incuestionado y rígido, como el modelo militar en el que se inspiran. Rigor cuartelario que se obstina si descubre que su discurso es cuestionado o, como en el filme, si una estampita religiosa colocada por la iniciativa de una niña aparece en el mural de la escuela, metáfora del altar de culto a una prédica retórica e inmovilista.

Conducta me hace pensar en todo esto que he escrito, al igual que debo reconocer que su producción y exhibición pública es un buen síntoma de desahogo, que suma participación colectiva a la reflexión sobre nuestro presente y futuro nacional con una invitación tácita a imitar, por la producción de la película en sí misma y por el personaje de la maestra de su historia, la conducta de civismo público de la que tanto estamos necesitados. Su final queda abierto como el grito de auxilio esperanzado que el futuro le hace al presente, que todavía hoy, a pesar de los pesares, defiende su esencia humanista más auténtica con los cojones de esa maestra que no se retira ni renuncia a la lucha.

No señalo nada acerca de sus valores estéticos, que ya los críticos sabrán valorar, porque están implícitos en esa autenticidad conmovedora con que sus personajes y situaciones reflejan estas ideas.

El espíritu polémico, artístico y comprometido con su realidad del cine cubano sigue vivo y se mantendrá con películas como esta.

conducta_film-daranas2

CONDUCTA PROPIA, sobre el film de Ernesto Daranas

 Por Enrique Pineda Barnet
¿Más aplausos? Nunca sobran, pero no es el caso. No siempre un aplauso significa una celebración.
Tampoco me mueve la amistad, ni la admiración personal –que ahora crece-.
“CONDUCTA” es una película que yo no hubiera podido hacer. Es el filme con los ingredientes de los que gustan los turistas superficiales, o los oportunistas del patio que gozan en mostrar  solares depauperados, nalgas de mulatas tropicales, alusiones “subversivas” al sistema, vulgaridades que propician aplausos fáciles, limosnas dadivosas. No podía tocar barriadas más maltratadas por la vida, por la miseria, por la desidia, por la irresponsabilidad. Seres humanos más desgarradores, conductas más reprobables, hasta la palabra más dura.
Pero- me pregunto- ¿cómo es posible hacer esta denuncia CON ARTE, SIN VULGARIDAD NI GROSERIA, CON INTELIGENCIA Y SENSIBILIDAD, CON TOQUES FUERTES AL CORAZÓN Y LA CONCIENCIA, SIN CONCESIONES AL POPULISMO RAMPLÓN QUE CON TANTA FRECUENCIA NOS GOLPEA?
MI PERCEPCIÓN ME RESPONDE:
CON TALENTO, BUEN GUSTO Y HONESTIDAD.
SE TRATA DE LA PELÍCULA QUE NUESTRO PAÍS NECESITABA. ¿LA ENSEÑANZA? ¿LA EDUCACIÓN? ¿LA CULTURA? LA FORMACIÓN DEL CARÁCTER, DE LA DIGNIDAD, DE LA DECENCIA.  LA TAREA MÁS URGENTE DE LA NACIÓN.
UN ESTREMECIMIENTO, UNA SACUDIDA A LAS CONCIENCIAS .
UN HOMENAJE A LOS VERDADEROS MAESTROS.
MI APLAUSO EN GRANDE, MI ABRAZO Y GRATITUD, DARANAS.
No es necesario que me extienda en elogiar las excelencias de las actuaciones : Alina Rodríguez, Yuliet Cruz, Miriel Cejas, Silvia Águila, Idalmis García, Héctor Noas, Armando Miguel y Tomás Cao y el perfeccionismo de un staff de trabajo impecable junto a los estudiantes de la FAMCA.
FELICIDADES A TODOS.
Enrique Pineda Barnet

3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Raul Diaz
    Feb 16, 2014 @ 17:27:30

    Todavía no he visto el filme, no se dónde podré verlo en EE.UU. pero sí me he leído las tres críticas, o comentarios, como quieran llamarlo, escritas por personas que conocí desde hace mucho, cuando vivía en Cuba. Lo que sí es evidente es que los tres cuidan muy bien las posiciones que alcanzaron dentro de Cuba al amparo de su filiación política, su sometimiento al sistema, al menos en público y evitan llamar las cosas por su nombre. La sórdida miseria moral y material que reina en Cuba, no es producto de una desviación burocrática, sino de un proyecto totalitario y absurdo, de las veleidades de un dictador, que ya dura más de medio siglo. Olvídense de los errores de la educación o de la incapacidad de los que han mal dirigido el país. Lo que ustedes llaman revolución no es más que el proyecto fallido de una dictadura y de un pueblo con muy pobre juicio político. Esa miseria que, antes de 1959 era focal y hoy en día es general, se hará eterna, a menos que los cubanos todos, Enrique Pineda Barnet,, Rolando Pérez Betancourt y Enrique Colina, empiecen a llamar las cosas por su nombre.

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  2. ariel
    Feb 19, 2014 @ 18:29:32

    Responder

  3. Antropologa Adriana Goñi
    Feb 20, 2014 @ 19:53:23

    Reblogueó esto en Comunicaciones y Reseñas memoriay comentado:
    yer la vi película Conducta. No pude evitar las lágrimas, pues, la historia de Chalas no es única y el filme nos invita a reflexionar sobre las deficiencias que aún tenemos en nuestro sistema educativo. Pero, bueno, como no soy crítica de cine les dejo varios trabajos publicados en torno al tema.

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