Impuntualicidio

images–Apresúrate o vamos a llegar retrasadas. Pedí a mi hija algo lenta en sus arreglos. Al momento replicó “No te preocupes mamá, eso nunca empieza cuando dicen”.

Y es que ella ha podido constatar con anterioridad y en más de una ocasión el resultado de nuestros inútiles apuros. 

Esta vez sucedió lo mismo. A las 8:30 p.m., hora acordada, no habían llegado los invitados y, por tanto, los organizadores determinaron posponer el comienzo para “un poco más tarde”.

De seguro, los ausentes pensaron igual que Laura y esperaron al último segundo para salir de casa.

La impuntualidad se ha convertido en un problema serio y cotidiano. Esta indisciplina  manifestada de diversas maneras se expande a toda velocidad.

Con frecuencia la observamos en asambleas y eventos. Casi nunca inician en el instante concertado, ya sea por la tardanza de los participantes o porque quienes deben dirigirlas se presentan extemporáneamente.

Este último problema lo ubicaría entre las raíces del mal. Predicar con el buen ejemplo constituye el modo más eficaz de erradicar consecuencias negativas.

Si decides entrar a una tienda, bodega o empresa de servicios al instante de la apertura también corres el riesgo de encontrártela. Podrás entonces observar cómo transcurren cinco, 10 y hasta 15 minutos y las puertas permanecen cerradas.

Puede que los empleados aún no comparezcan. O tal vez el momento se destinó para reunir a los operarios, hacer el cuadre de la caja contadora o inventariar mercancías. De cualquier modo el resultado es el mismo: el retraso.

Qué difícil se torna la situación para los afectados. Aquellos que precisan realizar otras diligencias y por nada del mundo cometerían estas acciones.

Conozco a muchas personas que se levantan bien temprano para llegar puntualmente a su centro de trabajo y si el transporte falla se las ingenian buscando alternativas.

También sé de directivos que solo por razones más que justificadas estarían ausentes a la hora prevista.

Y por qué siempre no sucede así. Acaso desconocen cuánto disgusto causa esperar y más aun escuchar justificaciones que aceptamos, diría, por educación.

Oír decir Más vale tarde que nunca, Tarde pero seguro, o Vísteme despacio que estoy apurado, refranes que como todos surgieron de la cotidianidad, resultan insultantes en tales situaciones.

Evitemos hacer lo que nos disgusta que nos hagan. Intentemos ser siempre puntuales y veremos cuánto provecho sacamos a nuestro tiempo. Digamos NO a la impuntualidad y no olvidemos que el tiempo es uno de los recursos más preciados de que disponemos.

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