#Cuba: Las “buenas” intenciones de #USA

Escrito por Arnaldo Mirabal

índiceUn socio se me acerca en el barrio algo contrariado. Él, seguramente creyó que a partir de aquel mediodía del 17 de diciembre del 2014 todo sería diferente. Recuerda con lujos de detalles ese miércoles histórico. Apilaba un poco de arena para arreglar la cocina de su casa cuando su suegra le gritó: “¡Miguelito corre que pasa algo! Raúl habla de Obama, y liberaron a los tres héroes”.

Nadie duda que esa jornada sacudió a Cuba. La noticia tomó de sopetón a todo un pueblo. Los presidentes de dos países hasta ese minuto beligerantes, conversaban distendidamente por teléfono. Sé que más de uno pensó que de sopetón también vendrían los cambios. Que todo sería cuestión de coser y cantar.

Quizás tanto exceso de optimismo sea el causante de la aflicción de mi socio Miguelito. A lo mejor se imaginó que de la noche al día el puerto de Matanzas se saturaría de barcos y cruceros provenientes de EE.UU; y que una oleada de norteamericanos desandaría la ciudad masticando chicle y comprando de todo con billetes verdes y nuevecitos.

Pero las cosas no siempre son así de sencillas, y Raúl lo explicó en la recién finalizada Cumbre de la Celac. Además, desde mi subjetividad, me da por pensar que los representantes de aquel país han de estar incómodos, porque no saben negociar desde una posición de iguales. Y es de las primeras exigencias de una minúscula isla, que se ha ganado ese derecho a golpe de sacrificios, sangre, sudor y tiros.

A mi vecino le expliqué que desde el principio desconfié un tanto. Días antes de aterrizar en Cuba la representación estadounidense, las palabras de la jefa de la delegación, la señora Roberta Jacobson, no fueron las más sensatas para iniciar un proceso de negociaciones.

En una entrevista a una cadena pública norteamericana, la señora Jacobson expresó que la economía cubana iba en picada, y que las aspiraciones de su país consistían en acercarse a los pequeños empresarios y trabajadores privados.

Esas palabras crearon en mí cierto resquemor, y así se lo dije a mi amigo. ¿Significaba acaso que USA no movería un dedo para apoyar esferas tan sensibles para el pueblo cubano como la salud y la educación? Áreas subvencionadas por el Estado socialista, y blancos predilectos del Bloqueo norteamericano.

Sé que la Jacobson no midió bien sus palabras, porque nadie en Cuba entendería que al Norte le interesa más los negocios y el dinero, que la salud de un pueblo y la educación de sus niños. ¿O sí?

Y no hablaré aquí de puntos tan controversiales como los Derechos Humanos. Para nadie es un secreto las constantes denuncias de torturas que pesan sobre Estados Unidos, y cómo la exporta al mundo como si se tratara de su afamada Coca Cola.

Le dije a mi socio también, que la postura de USA de invitar a la “sociedad civil” cubana a la Cumbre de la Américas, es otro punto en su contra, que solo consigue crear más desconfianza.

Por esa tendencia norteamericana de jugar a la retórica, y acuñar términos imprecisos según le convenga, para el gigante norteño sociedad civil en Cuba son los cuatro gatos que ellos mismos financian desde su Oficina de Intereses en La Habana, y que a pesar de los millones de dólares y los recursos tecnológicos, no logran convocar, ni convencer a nadie.

Y no quise hablar más, ante la cara afligida de Miguelito. Sé que por un momento creyó en las buenas intenciones de USA, y habrá que creer, pero sin exceso de confianza. Pienso que irán corrigiendo el tiro a cada paso, ya la Jacobson mencionó el nombre de nuestro presidente Raúl Castro recientemente. Porque estabilizar relaciones con un país sin tener en cuenta a su Gobierno, esa tontería solo se le ocurre a los Estados Unidos.

Yo espero sinceramente que mejoren las relaciones, que los norteamericanos desembarquen en mi bahía en buenos términos, y no como lo hicieron una vez por Playa Girón. Incluso los invitaría a una fiesta de mi barrio, y Miguelito seguramente podrá vender sus dulces exquisitos, y quién niega que hasta exportar Coquito y Barra de guayaba. Eso sí, toda relación sincera, pa’ que dure, debe nacer sin dobles intenciones.

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