Masacre en Orlando, Florida: la epidemia de violencia en #EE.UU.

Escrito por Roberto García Hernandez*

Algunas de las víctimas del atentado de Orlando                 Algunas de las víctimas del atentado de Orlando

La masacre de este domingo en un club nocturno en Orlando, Florida, donde murieron 50 personas y otras 53 resultaron heridas, aporta nuevos elementos al debate sobre la violencia armada en Estados Unidos.

El presidente Barack Obama definió esta acción, perpetrada por un individuo de origen afgano, como un acto de terror y odio, además de que según el gobernante, fue el tiroteo más letal en la historia de la nación norteña.

La tragedia ocurrió en medio de la campaña electoral para las presidenciales del 8 de noviembre y a esta altura de la contienda están virtualmente decididos quiénes serán los candidatos a la jefatura de la Casa Blanca: la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump.

El magnate inmobiliario aprovechó la ocasión la víspera para arremeter una vez más contra los musulmanes en general y repetir sus conocidas posiciones xenófobas y racistas. Además, llegó incluso a exigir la renuncia de Obama por su supuesta falta de acción para detener actos criminales como este.

Por su parte, Clinton abogó por redoblar los esfuerzos con vista a defender al país de “las amenazas internas y externas”, pidió que personas como el atacante de Orlando no puedan tener acceso a las armas y llamó a aprobar nuevas leyes que regulen  la compraventa y posesión de estos artefactos.

Las revelaciones de que el autor del tiroteo, Omar Mateen, prometió fidelidad al Estado Islámico antes de cometer este crimen, y que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) tenía indicios sobre su comportamiento violento, provocaron cuestionamientos acerca de si las autoridades federales pudieron evitarlo.

Pero este asesinato múltiple en la discoteca Pulse de Orlando se suma a otros incidentes violentos que tuvieron lugar en los últimos meses y que estimularon el debate sobre la violencia armada, que al decir de Obama es una verdadera epidemia que azota a la sociedad norteamericana.

Entre otros hechos está el ocurrido el 22 de abril pasado, cuando ocho miembros de una familia fueron ejecutados mediante disparos en la cabeza mientras dormían, en un área rural cerca de Columbus, estado de Ohio.

En las primeras horas del domingo 24 de abril dos adolescentes resultaron heridos por otro de 18 años identificado como Jakob Wagner, quien les disparó en un liceo de la localidad de Antigo, estado de Louissiana. Wagner murió por las graves heridas que le causaron agentes de policía local que intentaron frenar el ataque.

Estas son solo algunos ejemplos. Otras acciones similares apenas se publican en los principales medios de prensa, en momentos en que la ola de violencia en Estados Unidos como promedio provoca unos 30 mil muertos cada año.

Desde 2009 ocurrieron en ese país más de 50 masacres en instituciones civiles y militares. Entre las más notorias está la del 14 de diciembre de 2012 en una escuela de Newtown, Connecticut, donde murieron 20 niños y seis adultos.

Después de esa tragedia, Obama y los principales líderes demócratas desarrollaron una campaña para regular la compraventa de armas de fuego, pero no tuvieron éxito, debido a que la oposición republicana y entidades de la ultraderecha estadounidense lograron bloquear esas intenciones del gobernante, con el apoyo de la Asociación Nacional del Rifle, entidad que cabildea a favor de los productores de armamentos.

Ante el fracaso de sus gestiones en el Capitolio, el jefe de la Casa Blanca presentó a mediados de enero de este año un plan contra la violencia armada que incluye una decena de acciones ejecutivas.

A pesar de su importancia, hasta ayer esta problemática no era una de las principales en la actual campaña con vista a las presidenciales de noviembre. Sin embargo, al menos temporalmente, vuelve ahora al centro del debate político en la sociedad norteamericana.

De todas formas, la búsqueda de mayores controles a las armas de fuego es una de las promesas que Obama hizo desde que llegó a la Casa Blanca en 2009 pero no pudo cumplir, a pesar de sus esfuerzos y de que según encuestas más de la mitad de la población considera que deben tomarse provisiones urgentes para tratar de reducir el impacto de este flagelo.

Con el poco tiempo que le resta al mandatario en la Casa Blanca y la fuerte oposición republicana a adoptar medidas para regular la posesión de armamentos por los civiles, todo parece indicar que las cosas seguirán igual, a pesar de la masacre en Orlando y de otros hechos similares, que, lamentablemente, pudieran ocurrir en el futuro.

Roberto García Hernandez*, corresponsal de Prensa Latina

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