El blanco es la Revolución. Parte III: Con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón

f0068449Escrito por Raúl Antonio Capote

El evento realizado los días 12 y 13 de septiembre en Miami Cuba Internet Freedom (CIF) fue un fracaso en mu­chos sentidos: baja y pobre participación de verdaderos especialistas en las TIC, la presencia de individuos muy poco preparados para lanzarse con seriedad al análisis de los temas propuestos, el diletantismo a raudales; las ponencias fueron de una gran pobreza científica, alejadas de la realidad de Cuba e intelectualmente deplorables. No podía ser de otra forma, la misma concepción del evento era una falacia.

Pero tuvo algo bueno y fue que permitió ver con claridad, expuso a la luz pública cuales son los «nuevos» planes contra la Revolución y quiénes son sus aliados y servidores. Con­firmaron nuestras sospechas y ratificaron muchas certezas.

El denso tejido de los planes contra la Isla, la perfecta armonía con que actúan nuevos y viejos correligionarios, la alianza estrecha entre los «tradicionales» enemigos y los de nueva hornada quedó al descubierto. Muchas caretas quedaron sobre la calle después del carnaval CIF de Miami.

Desde allí llamaron varias veces por teléfono el día 12 «preo­cupados» por supuestas represalias cometidas contra periodistas en Cuba; curiosamente preguntaban por gente que aparenta posiciones neutrales, alejadas de los tradicionales asalariados yanquis, gente de la «nueva» prensa. La primera idea que me vino a la mente fue ¡qué torpeza!
Son tiempos complejos, a algunos compatriotas y también a algunos amigos de la Revolución en el exterior, se les hace difícil identificar quién y dónde está el enemigo; hoy el discurso enmascara y confunde a quien no esté bien informado; a ellos les reitero un consejo de vieja estirpe: pregunte de dónde viene el dinero, quién paga y para qué.

Nada hoy es espontáneo, lo que está haciendo la «nueva» prensa camaleónica y aliada de la prensa corporativista y orgánica del capitalismo no es otra cosa que obedecer a un plan trazado y financiado desde el centro del poder estadounidense.

Los disparos cambian aparentemente de objetivo, pero el blanco es el mismo: la Revolución, sus instituciones, sus defensores.

La prensa popular revolucionaria —lenta, acostumbrada a moverse en el campo minado de las campañas enemigas que se aprovechan del menor error, que están a la caza del menor espacio donde descargar sus armas—, no ha logrado alcanzar la altura de vuelo que la Revolución necesita, pero lo que sí todos sabemos y el mundo reconoce, es que no hay otra más honesta, más limpia, más ética, más comprometida con la patria.

«El periódico debe estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano, y la espuela en el tacón. Al menor accidente, debe saltar sobre la silla, sacudir la fusta, y echar a escape el caballo para salir pronto y para que nadie llegue antes que él… Debe desobedecer los apetitos del bien personal, y atender imparcialmente al bien público… En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe, y los labios sin mancha que lo dicta. No hay cetro mejor que un buen periódico», publicó Martí en el periódico Patria Sobre periodismo en 1892.

¿De dónde parten en verdad los disparos? De aquellos que quieren inyectarle a los cubanos la ambición desmedida, el gusto por lo banal, lo superficial, por aquella otra «gran prensa» que vende las imágenes ensangrentadas de un atentado, no a modo de denuncia sino por morbo, por satisfacer y re­crear el gusto de la sangre, por entretener y adormecer a golpe de titulares acríticos a la gente, para que no piense, para dominarlos mejor. ¿Qué son, Paparazzi o periodistas?

Portadores de la mediocridad informativa que invade al mundo de hoy, de la ausencia de crítica veraz, no embustera, interesada o con fines de manipulación política, faltos de independencia terminan siendo profesionales que solo se limitan a poner la mano al final del mes. ¿Esa es la prensa que queremos? Además ¿Anexionista? ¿Neo-Plattista?

Cualquiera puede cometer un error, tenemos el derecho a equivocarnos y rectificar miles de veces; tenemos el derecho a defender nuestra posición si la consideramos correcta, pero cuando le ponemos precio a nuestra conciencia, cuando alquilamos el alma al mejor postor, dejamos de ser, nos convertimos en mercancía barata que termina moldeando su esencia a gusto del amo. Servir al enemigo por dinero es la peor de las traiciones, no le busquen subterfugios éticos, no hagamos filosóficas abstracciones, traidor es traidor, vendepatria es vendepatria.

Se pueden tener diversos criterios, visiones y proyecciones diferentes sobre el futuro de Cuba; defendemos el derecho a discrepar, pero, ¿venderse?, eso es otra cosa.

Podemos estar en el filo de la navaja, transitar por el angosto ángulo de corte, resbaladizo. De quebrar la ética a caer en el terrible abismo, en el círculo del infierno a donde van a dar los traidores, solo hay, ¿cuánto?, unos dólares de distancia.

Recuerden: el blanco verdadero es la Revolución.

*Sobre esa conversación referida Caote publiqué en un post anterior la siguiente microcrónica:

“Se escuchó un nombre que me sonó conocido y aquel hombre alto y corpulento entró en la sala para testificar contra Alan Gross, el “contratista” de USAID que era juzgado en Cuba por construir una red de telecomunicaciones al servicio de la estrategia norteamerica de cambio de régimen. Yo  que trabajaba en la Oficina de Informatización de la Sociedad, estaba entre el público que asistía al juicio y enseguida identifiqué al testigo: el escritor Raúl Antonio Capote cuyos vínculos con la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba eran conocidos en el ambiente literario cubano. Pero no fui el único que se sorprendió, cierta tensión apareció en el rostro de uno de los diplomáticos norteamericanos que asistía al proceso.

“El fiscal comenzó a interrogar a su testigo, Capote habló de visitas de oficiales de la CIA  a su casa quienes le habían entregado un equipo para conectarse a Internet vía satélite. El fiscal le preguntó observara uno que se encontraba sobre la mesa que antes Groos había reconocido entre los que su empresa distribuía y respondiera si era igual al que le había entregado la CIA, Capote asintió y fue la única vez que Gross mostró inquietud durante el juicio y perdió la serenidad que había mantenido hasta el momento. Creo recordar que el abogado de Gross se abstuvo de hacer preguntas y dieron un receso. El diplomático norteamericano salió como una bala con el celular en la mano y no regresó más, yo salí buscando a Capote y sucedió la conversacion que él recuerda al inicio de este artículo.”

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