El Nuevo Herald: Un artículo increíble y despreciable

Cumbre de la OEA en México

Cumbre de la OEA en México

Escrito por  Nicanor León Cotayo

A manera de un leal perro faldero, su colaborador Andrés Oppenheimer atacó brutalmente a quienes frustraron otra maquinación contra Venezuela  en la OEA.

Sucedió este jueves bajo el título “Vergonzoso apoyo del Caribe a Maduro”.

Quien lo escribió es un argentino de origen y hoy incondicional servidor del gobierno estadounidense.

Algunos han ido un poco más allá y lo catalogan como –en verdad- hombre de los servicios especiales de Washington.

Comienza el artículo sin ocultar su racismo cuando dice que es portador de la pregunta de un millón de dólares.

Gira sobre el fracaso de la propuesta para condenar “al régimen de Venezuela” en la reunión de cancilleres de la OEA en Cancún, Méjico.

¿Cómo puede ser que un puñado de pequeñas islas del Caribe derrotaron una resolución a favor de la democracia respaldada por Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Argentina y otros 15 países de la región?

Suena ridículo, asevera, pero eso fue  lo que ocurrió en la reunión de la OEA del 19 de junio para discutir “la ruptura del orden democrático en Venezuela”.

Una resolución propugnaba exigir al presidente Nicolás Maduro detener la realización de una Asamblea Nacional Constituyente, antes reclamada por la oposición.

Sin embargo, la resolución no fue suscrita porque San Vicente y las Granadinas, Dominica y San Cristóbal y Nieves –junto con Nicaragua y Bolivia, votaron en contra.

Además, se lamenta Oppenheimer, otros países del Caribe como Haití, la República Dominicana, Granada, Trinidad y Tobago y Antigua y Barbuda se abstuvieron, “matando así la resolución, que necesitaba 23 votos para salir adelante”.

Vuelve a mostrarse despreciativo cuando escribe, entre los defensores del régimen venezolano estaba San Vicente, un país cuyo producto bruto es menor que el valor de mercado del Hotel Fontainebleau de Miami Beach.

O sea, las naciones pequeñas, según la escala de valores de Oppenheimer, no tienen derecho a existir.

Una explicación, opina el autor del artículo, es que la resolución de la OEA no logró 23 votos por la ineptitud, o la falta de interés, del gobierno de Trump.

Además, subraya, el secretario de Estado, Rex Tillerson no asistió a la reunión de cancilleres en Cancún, como tampoco lo hizo a una anterior en Washington.

Pero luego cayó una suerte de bomba política cuando Oppenheimer se atrevió públicamente a escribir:

“Si Tillerson hubiera estado allí para ofrecer incentivos y “retorcer brazos” quizás el resultado hubiera sido distinto.”

Como hicieron, faltó decir al articulista, cuando a fines de enero de 1962 impusieron la expulsión de Cuba de la OEA.

 

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